Hace cuatro años, Andrés Arribas publicó en El Mercantil un artículo de opinión bajo el título AVE o mantequilla”, en el que planteaba una pregunta provocadora: ¿Tiene sentido apostar por proyectos de alta velocidad (el AVE) que no sirven para algo tan básico y estratégico como el transporte de mercancías?

El argumento central de Arribas era claro, y desgraciadamente hoy sigue siendo igual de válido: Muchos de los grandes proyectos de infraestructura parecen diseñados más para la visibilidad que para la funcionalidad real del sector logístico. El AVE español, con su velocidad punta y enfoque en pasajeros, se plantea como símbolo de modernidad… pero no responde a las necesidades de transporte de mercancías, que son las que sostienen una economía competitiva y conectada. Un tren de mercancías ideal sería pesado, más lento, y con capacidad real de carga —no algo pensado para operar “al mismo nivel” que un AVE ligero—.

Arribas incluso citaba ejemplos concretos como la aventura fallida de TP Ferro, rescatada por los Estados francés y español por la falta de volumen de mercancías que justificara su operación.

El sector que no evoluciona… ¿o no quiere?

Lo curioso —y alarmante— de aquel artículo es que lo que se criticaba entonces sigue siendo observable hoy:

  • Prioridades desequilibradas: Proyectos de alto coste social y económico que no atienden primero a la eficiencia logística real.
  • Falta de visión estratégica de largo plazo: Apuesta por símbolos antes que por soluciones que mejoren la competitividad de las cadenas de suministro.
  • Puzzles operativos sin lógica de negocio: Infraestructuras que no conectan de manera óptima hubs productivos y puertos con nodos de consumo o distribución reales.

Todo esto explica por qué muchos agentes del sector sienten que, pese a inversiones y debates, la verdadera evolución operativa se ha quedado estancada.

 ¿Qué enseñanzas nos deja el artículo hoy?

  1. El transporte de mercancías debe ser un pilar prioritario, no un “complemento deseable”.
  2. No se puede confundir velocidad con eficiencia logística: el foco debería estar en cost-to-serve, capacidad de carga y flexibilidad.
  3. Las inversiones en infraestructura deben estar alineadas con necesidades reales de negocio, no solo con expectativa política o mediática.
  4. Revisar los criterios de planificación estratégica del sector puede marcar la diferencia entre progreso real y gasto improductivo.

En un sector que “no evoluciona”: una llamada de atención

Que un artículo escrito hace cuatro años siga encajando perfectamente con la situación actual del transporte y la logística en España es, por un lado, curioso… y por otro, preocupante:
¿Significa que no hemos aprendido?
¿Que hemos repetido los mismos errores una y otra vez?

En Faprove creemos que sí se puede avanzar, y que reflexiones como la de Arribas son valiosas porque nos obligan a mirar más allá de titulares — y pensar en soluciones reales que impulsen al sector hacia adelante.